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La herencia artística y cultural de España es la suma de una sucesión de factores que han interactuado durante milenios de historia. La situación geográfica de la península Ibérica, un cruce de caminos entre África, Europa y América, entre el Mediterráneo y el Atlántico, ha sido decisiva en la configuración de su arte y su cultura. Por otra parte, también ha quedado la impronta de una multitud de pueblos que, desde el Paleolítico hasta nuestros días, ha vivido en sus tierras.

Las primeras manifestaciones artísticas son de las más antiguas del mundo: la pintura rupestre paleolítica de la cornisa cantábrica, encuadrada dentro de la denominada escuela franco-cantábrica. Entre estas pinturas destacan las halladas en la Cueva de Altamira, denominada "Capilla Sixtina" del arte paleolítico. Además de en Cantabria, también existen buenos ejemplos en Asturias.

En orden cronológico les siguen las pinturas del mesolítico, a las que por sus rasgos estilísticos y situación geográfica se las ha encuadrado como "escuela levantina": desde Lérida en el norte a Albacete en el sur, es posible encontrar abrigos rocosos en la que escenas monocromas dan testimonio de actividades humanas como la caza o la recolección de miel.

El neolítico dejó su huella artística especialmente en el sur de la Península. Junto a la pintura rupestre, ya marcadamente abstracta, aparecen idolillos esculpidos y comienzan a levantarse las primeras construcciones megalíticas que se desarrollan en la Edad del Cobre con excelentes ejemplos como los dólmenes de corredor y cámara presentes en Antequera.

De época protohistórica data el arte tartésico, que floreció en el Valle del Guadalquivir, y del que se han encontrado principalmente joyas como, por ejemplo, las que forman parte del Tesoro del Carambolo. También autóctono es el arte ibérico en el que destacan la llamadas "damas oferentes" como la famosa Dama de Elche. Ambos estilos muestran la influencia de fenicios y griegos, que por entonces entran en contacto con los habitantes nativos de la península Ibérica y fundan varias colonias. A su vez estos contactos propician la presencia de obras de arte fenicias y griegas (esculturas, cerámica, joyas...)

Es en esta época, también, cuando se desarrolla en el norte y centro peninsular el arte de los celtas y de los pueblos celtíberos. Lo más característico del arte celta son las construcciones denominadas castros. De los celtíberos se puede destacar la profusión de figuras con forma de toros, así los famosos Toros de Guisando en la provincia de Ávila.

El arte ibérico presenta sus mayores logros en las llamadas "damas oferentes", entre las que destaca la Dama de Elche; aunque otras manifestaciones escultóricas como guerreros o animales fantásticos, ponen de manifiesto una excelente y peculiar asimilación de la cultura traída por los pueblos colonizadores, especialmente por los griegos, también reflejada en su producción artística.

A pesar de que la conquista romana de Hispania se prolongó durante dos siglos, a la larga resultaría de las provincias más romanizadas del Imperio y la presencia de obras de arte romano es abundante y destacada. Las obras públicas han dejado ejemplos tan grandiosos como el Acueducto de Segovia o el Puente de Alcántara, entre otros. En cuanto a la arquitectura civil, sobresalen el Teatro romano de Mérida y los anfiteatros de ésta ciudad y de Itálica. La estatuaria también es abundante y de gran calidad. Joyas, vidrio y cerámica cuentan también con obras destacadas. Tanta es la importancia del arte romano en España que existe un Museo Nacional de Arte Romano radicado en la ciudad de Mérida.

Dentro de los estilos conocidos como "arte de la invasiones", aparece el arte visigodo, con obras arquitectónicas en la Meseta Norte tales como las iglesias de San Juan de Baños en la provincia de Palencia o la de Santa María de Quintanilla de las Viñas en la de Burgos. Se debe mencionar también la orfebrería como las joyas que componen el Tesoro de Guarrazar.

La presencia musulmana en España, que se inició a partir del 711, marca una evolución artística del país totalmente diferenciada al resto de la Europa occidental. Y así nos encontramos con los diversos estilos del arte hispano-musulmán (califal, taifa, almohade, nazarí...), con un legado de obras del calibre de la Mezquita de Córdoba, la Aljafería de Zaragoza, la Giralda sevillana de Granada. Por otra parte también la fusión de elementos artísticos islámicos y cristianos dará lugar a estilos peculiares y autóctonos que derivarán en el arte mozárabe y el arte mudéjar, en el que se alcanzan realizaciones tales como las sinagogas toledanas, los Reales Alcázares de Sevilla o las torres-campanario aragonesas.

De forma paralela al arte hispano-musulmán, en las zonas cristianas del norte se desarrollan los estilos medievales internacionales, el románico y el gótico, aunque precedidos por un estilo cristiano autóctono, el arte asturiano, en el que destaca Santa María del Naranco. Entre las abundantes iglesias y monasterios románicos, sobresale la Catedral de Santiago de Compostela, la más importante iglesia de peregrinación románica de Europa. Por otra parte el gótico también cuenta con obras espléndidas como las catedrales de Burgos, León y Toledo.

A comienzos del siglo XVI, los primeros ecos del Renacimiento italiano se materializan primero en un estilo arquitectónico autóctono denominado "plateresco" por su parecido a las obras de orfebrería. Se Trata de un estilo de abundante y menuda decoración, que aúna elementos de góticos y renacentistas. Ejemplos de este estilo son la portada de la Universidad de Salamanca o el Ayuntamiento de Sevilla.

Sin embargo, las mejores realizaciones artísticas de la época se dan en la segunda mitad del siglo XVI, cuando el manierismo está en su momento culmínate. Y así en arquitectura asistimos a la construcción del Monasterio de San Lorenzo el Real en El Escorial, obra cumbre de la arquitectura hispánica proyectada por Juan de Herrera. Obra de tanta trascendencia que dio nombre a todo un estilo, el Herreriano.

La pintura estuvo dominada también por una única figura, El Greco, pintor manierista de origen cretense que se acabaría convirtiendo en una de las grandes figuras del arte español de todos los tiempos.

La escultura también asimila las novedades llegadas de Italia, pero los temas y los materiales difieren de los preferidos en la cuna del Renacimiento, predominando en España materiales como la madera, a menudo policromada, y los temas religiosos como correspondía a un país defensor de la fe católica.

Con el siglo XVII y en pleno Barroco, España llega a su Siglo de Oro. La pintura está dominada por el genio de Velázquez, cuyos comienzos tenebristas muestran la influencia de Caravaggio, pero que luego evolucionó a un estilo muy personal. El dogma católico, reforzado por las ideas surgidas del Concilio de Trento, impregna todo el arte, en el que predomina lo religioso: se construyen numerosas iglesias, se tallan muchas imágenes y se pintan muchos cuadros de tema sacro.

En escultura destacan los retablos, manifestación artística típicamente españolas desde el gótico, con grandiosos ejemplos como el de San Esteban de Salamanca. Y también los pasos procesionales de hermandades piadosas, que podemos clasificar en dos escuelas: la castellana, con centro en Valladolid, y la andaluza, con centro en Sevilla.

La pintura, además de Velázquez, cuenta con otras figuras admirables como Zurbarán, «tenebrista blanco» y pintor de monjes, Murillo, cuyas Inmaculadas y niños cautivan a las gentes más sencillas y Ribera, que desde Italia sigue practicando su personal naturalismo caravaggiesco.

Durante gran parte del siglo XVIII perdura el Barroco e incluso podemos encontrar algunas obras de estilo Rococó, pero la llegada de la dinastía francesa de los borbones y luego la difusión de las ideas ilustradas favorecen el desarrollo del Neoclasicismo, que tiene en el Observatorio Astronómico de Madrid uno de sus más brillantes ejemplos. En pintura destaca la figura de Goya, cuyo genio se extenderá hasta bien entrado el siglo siguiente. En escultura la única novedad proviene de Salzillo, escultor oriundo de Italia que incorpora una delicada elegancia a los pasos procesionales y ayuda a la difusión de los belenes.

Los comienzos del siglo XIX siguen dominados por la pintura de Goya, mientras que a finales de siglo es el arquitecto Gaudí la figura más destacada del panorama artístico español. Siguen penetrando las sucesivas corrientes artísticas europeas como el Romanticismo, que tiene en el pintor Madrazo uno de los máximos exponentes hispánicos al igual que Sorolla lo sería del Impresionismo. En arquitectura están bien representados los historicismos (Congreso de los Diputados, Basílica de Covadonga), así como la arquitectura de hierro y cristal plasmada en estaciones de ferrocarril o mercados. El modernismo arquitectónico ocupó el fin de siglo con presencia en todo el país, aunque con una mayor concentración de obras en Cataluña.

Durante el siglo XX asistimos a la pronta incorporación de España a los estilos de vanguardia, en algunos de ellos con gran protagonismo de artistas españoles, como es el caso del cubismo, cuyo principal promotor fue Picasso. También el surrealismo cuenta con primeras figuras españolas como son Dalí o Buñuel.

En arquitectura, además del modernismo, aparece el regionalismo arquitectónico y más adelante el racionalismo defendido por el GATEPAC. Durante el franquismo, además de las construcciones de corte totalitario, comienzan a despuntar una serie de arquitectos con obras muy personales. En las décadas finales del siglo asistimos a la consolidación de figuras de fama internacional como Santiago Calatrava o Rafael Moneo entre otros, y obras tales como el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

En la escultura también encontramos artistas y obras vanguardistas. El propio Picasso es uno de los primeros en utilizar nuevos materiales y aplicar el cubismo a la escultura, al igual que Miró lo hará con el surrealismo. Julio González y Pablo Gargallo son también grandes artistas que usan el hueco como parte de su obra y tienden a la abstracción, corriente ésta última que tiene sus mayores exponentes en la segunda mitad de siglo con autores como Chillida y Oteiza.

Aunque la Guerra Civil determina la diáspora de los principales artistas, las nuevas generaciones se colocan pronto junto a las novedades vanguardistas, de modo que tempranamente se producirán obras abstractas, conceptuales o pop. La creación del Museo de Arte Abstracto de Cuenca, por un grupo de destacados pintores españoles o las personalidades de autores como Tàpies, Saura o Barceló, todos ellos de prestigio internacional, pone de manifiesto que el arte español está en la vanguardia. Una vanguardia en la que se incluye el hiperrealismo y Antonio López, su máximo representante en España.

La exitosa muestra de ARCO, la feria internacional de arte contemporáneo que anualmente se celebra en Madrid, no deja lugar a dudas de que el país se encuentra entre los más avanzados en materia artística. A ello hay que añadir la fundación de multitud de nuevos museos en todos los rincones del territorio, entre los que destacan el Museo Reina Sofía o el Thyssen-Bornemisza, o las fuertes inversiones en recuperación del patrimonio histórico-artístico.

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